¡CUIDADO CON LA PINTURA!

"¡Cuidado con la pintura!" nos advierten los nobles pintores de "brocha gorda" para que no nos llevemos parte de su obra pegada a los pantalones.

Tomó la frase, tan típica como tópica, el prestigitador de la palabra, César González Ruano, para titular una de sus medias verónicas que nos salvan de una corrida aburrida. Al tiempo que alertaba para salvarnos de los ismos jeribeques tan frecuentes en las exposiciones que más bien son graves riesgos. El Señor nos salve de los monederos falsos a los que, los autores de esas charadas llamadas críticas, prestan su complicidad.

Prefiero, desde siempre, ser admirador de los Velázquez, Murillos, Goyas, Sorollas, Dalís, Solanas o Vázquez Díaz.

Cosa que me acaece anta la amplia obra de Jesús Montero pintor ante todas sus renacentistas actividades. Posee el talento de saber quemar etapas. El un día singular ingeniero, matemático al fin y al cabo, sabe diseñarse a sí mismo. Es discípulo de un genio, Dorsiano en la exigencia de "la obra bien hecha". Y a fé que lo consigue.

Sus galerías coruñesas, los paisajes y paisanajes a él debidos, la estética mayestática de los puertos pesqueros gallegos o de los deportivos puertos costasoleños, es lo que deseamos encontrarnos en las paredes de nuestras casas, es lo que nos permite asomarnos a la realidad estética. Eso y no monstruos sobre lienzos que, además, no han sido producidos por el sueño de la razón.

Uno, liberado momentáneamente del feísmo cotidiano, busca reposar su vista en alguna de estas obras que hoy Jesús Montero nos propone.

Recurro al lenguaje que nos parecía insólito y que se ha hecho cotidiano. La pintura, con mayúscula, de Jesús Montero "me pone".

Uno atisba el retorno a la estética de siempre. Hartos de farsas de las que todos fuimos cómplices, sacamos de las catacumbas del verdadero Arte lo que ha sido y es, como en esta "mostra"; auténtico.

¡Pues va a ser que sí!

Antonio D. Olano.